miércoles, 4 de junio de 2014

Psicosis

Domingo
No estoy seguro de por qué escribo esto en papel y no en mi computadora. No es que no confíe en mi computadora, sólo… necesito organizar mis ideas. Poner todos los detalles en un lugar objetivo, un lugar en donde sepa que lo que escribo no puede ser borrado o alterado… no que eso haya pasado.
Estoy comenzando a sentirme agobiado en este diminuto apartamento. Quizá ése es el problema. Sí, tenía que ir y comprar el apartamento más barato, el único en el sótano. No he salido en varios días porque he estado enfrascado en este proyecto de programación; supongo que quería acabarlo de una buena vez. Estar sentado frente a un monitor por horas puede hacer que cualquiera se sienta extraño, lo entiendo, pero no creo que sea por eso.
No estoy seguro de cuándo comencé a sentir que algo andaba mal. Ni siquiera puedo definir qué es. Probablemente por no haber hablado con nadie en este tiempo; eso fue lo primero que me inquietó. Todos mis contactos con los que chateo habitualmente por Messenger mientras programo han estado ausentes, o simplemente desconectados. El último mensaje que recibí fue de un amigo diciéndome que charlaría conmigo cuando volviera de la tienda, y eso fue ayer. Lo llamaría desde mi celular, pero aquí la señal es terrible.
Sí, eso es. Sólo necesito llamar a alguien. Voy a salir.

Bueno, eso no se dio tan bien. A medida que mi temor se desvanece, me empiezo a sentir un poco ridículo por haberme asustado en primer lugar.
Me miré en el espejo antes de salir, pero no me afeité la barba de dos días que me ha crecido, después de todo saldría únicamente para hacer una llamada. Pero sí me cambié de camisa, ya que era hora de almorzar y supuse que me podría encontrar con algún conocido. O al menos eso era lo que quería… ojalá lo hubiera hecho.
Cuando salía, abrí ligeramente la puerta de mi apartamento; una sensación de ahogo evacuó mi cuerpo en ese instante, de alguna forma. Me asomé por el deslucido corredor, tan deslucido como el corredor de un sótano puede ser, apenas iluminado por un trío de lámparas de neón que no dejan de chasquear. En el otro extremo, la gran puerta metálica que lleva a la sala principal del edificio —cerrada, por supuesto—, y dos oxidadas máquinas expendedoras a su lado. Estoy bastante seguro de que nadie más en el edificio sabe que esas máquinas están aquí abajo, que a mi tacaña casera sencillamente no le interesa reabastecer.
Deslicé mi puerta con suavidad y seguí el camino procurando no emitir sonido alguno. No tengo idea de por qué decidí hacer eso, pero era divertido rendirse al absurdo impulso de no perturbar el letárgico zumbido de las máquinas expendedoras, al menos por el momento. Llegué al primer descanso de escaleras y subí hasta la puerta principal del edificio. Miré por la cuadrada ventanilla de la puerta y, para mi gran sorpresa, definitivamente no era hora de almuerzo. La penumbra de la noche envolvía las calles de la ciudad, y las luces de los automóviles que daban la vuelta en la intersección alumbraban desde la distancia como faroles. Nubes púrpuras y negras por el brillo de la ciudad colgaban inmóviles del firmamento. Nada se movía a excepción de los pocos abedules de la acera mecidos por el viento. Recuerdo haber temblado aunque no tenía frío, quizá por el viento de afuera; podía oírlo vagamente a través de la puerta y sabía que era ese particular tipo de viento de media noche, ése que es constante, frío y callado, salvo por la dulce melodía que provocaba cuando se abre paso entre las incalculables hojas de los árboles.
Decidí no salir. En su lugar, levanté mi celular a la altura de la ventanilla y revisé el medidor de señal. Las barritas llenaron el medidor, y sonreí. «Tiempo de escuchar la voz de alguien más», recuerdo que pensé, aliviado. Era algo tan extraño, el tenerle miedo a nada. Negué con la cabeza riéndome de mí mismo en silencio. Marqué el número de mi mejor amiga, Amanda, y acerqué el teléfono a mi oreja. Sonó una vez… y entonces se detuvo. Nada pasó. Escuché el silencio por unos veinte segundos, y colgaron. Fruncí el ceño y miré el medidor de señal; todavía lleno. Estaba marcando su número de nuevo cuando el teléfono sonó en mi mano, sacándome un buen susto. Lo pasé a mi oreja.
—¿Diga? —pregunté, reteniendo el leve shock de oír la primera voz en días, aun si se trataba de la mía. Me había acostumbrado a los sonidos regulares del edificio, de mi computadora y el de las máquinas expendedoras en el corredor. No hubo ninguna respuesta a mi saludo en un principio, pero luego, una voz se escuchó.
—¿Qué hay? —dijo claramente un joven desde el otro lado de la línea—. ¿Quién habla?
—Juan —le respondí, confundido.
—Ah, perdón, número equivocado —contestó, y colgó.
Bajé el celular lentamente y recargué mi cuerpo contra la pared. Eso fue extraño. Revisé mi registro de llamadas; el número era desconocido. Antes de que pudiera reflexionar sobre ello, el celular sonó de nuevo, asustándome una vez más. Esta vez miré el número antes de contestar; también era desconocido. Coloqué el aparato junto a mi oído, sin decir nada. Todo lo que escuché fue el usual ruido de fondo de un celular. Entonces, una voz familiar acabó con mi tensión.
—¿Juan? —Fue la única palabra, por la voz de Amanda.
Suspiré aliviado.
—Hey, eres tú —contesté.
—¿Quién más iba a…? Ah, el número. Estoy en una fiesta en la Séptima Avenida y mi teléfono murió justo cuando me llamaste. Éste es el teléfono de alguien más, naturalmente.
—Ah, bueno.
—¿Dónde estás? —me preguntó.
Paseé los ojos por los muros y su pintura descarapelada; la puerta que tenía frente, con su pequeña ventanilla.
—En la entrada de mi departamento —Suspiré—. Me sentía un poco sofocado. No sabía que era tan tarde.
—Deberías venir aquí —me dijo, riendo.
—No…, no estoy de humor para caminar solo a estas horas —dije, mirando por la ventanilla a la tranquila y airosa calle que secretamente me causaba un poco de temor—. Creo que voy a seguir trabajando o me iré a dormir.
—¡Tonterías! —contestó—. ¡Puedo ir a traerte! Tu departamento queda cerca de aquí, ¿cierto?
—¿Qué tan ebria estás? —le pregunté divertido—. Tú sabes en dónde vivo.
—Ah, claro. Supongo que puedo llegar ahí caminando, ¿no?
—Puedes, si quieres desperdiciar media hora.
—Cierto —contestó—. Bueno, me tengo que ir, ¡suerte con tu trabajo!
Bajé el teléfono de nuevo, viendo a los números parpadear mientras la llamada finalizaba. El insistente zumbido de las máquinas se reprodujo en mi mente. Las dos llamadas extrañas y la vista a esa tétrica calle terminaron por encarrilarme de vuelta a mi soledad en esta vacía sala. Tal vez por haber visto tantas películas de terror tuve la súbita idea de que algo inexplicable podría asomarse por la ventanilla de la puerta y verme, alguna clase de entidad horrible que pasa orbitando los confines de la soledad, esperando el momento para arrastrarse hasta algún ser humano que se ha alejado demasiado de los de su clase. Sabía que era un miedo irracional, pero no había nadie cerca, así que… bajé las escaleras corriendo por el pasillo hasta mi cuarto, y cerré la puerta tras de mí lo más velozmente que pude, procurando mantener el silencio.

Como dije, me siento un poco ridículo por haber estado asustado de nada, y el temor ya se ha desvanecido. Escribir esto me ayuda mucho, me hace darme cuenta de que nada anda mal. Filtra mis pensamientos inconclusos y miedos, dejando sólo hechos concretos y objetivos: es tarde, recibí una llamada de un número equivocado y al teléfono de Amanda se le agotó la carga, por lo que me devolvió la llamada con otro teléfono. Nada extraño está pasando.
Aun así, hubo algo… inusual en esa conversación. Sé que pudo haber sido por el alcohol que había tomado… ¿o fue a ella a quien sentí extraña? O… sí, ¡eso es! No me di cuenta hasta ahora, hasta escribirlo. Sabía que hacer esto ayudaría. Ella dijo que estaba en una fiesta, ¡pero lo único que escuché de trasfondo fue silencio! Claro, eso no significa nada en particular, puesto que pudo haber ido afuera a tomar la llamada. No… eso tampoco pudo ser: ¡no escuché el rumor del viento! ¡Necesito ir a ver si el viento está soplando!

Lunes
Olvidé terminar de escribir anoche. No sé qué esperaba encontrar cuando crucé por el pasillo y asomé el rostro por la ventanilla. Me siento ridículo. El miedo de anoche me parece vago e irrazonable ahora. No puedo esperar para salir y ver la luz del día. Voy a revisar mi correo, afeitarme, darme un baño ¡y finalmente salir de aquí!
Un momento… creo que escuché algo.

Era un trueno. Todo eso sobre la luz del día y el aire fresco no pasó. Subí por el tramo de escaleras, sólo para encontrar decepción. El cristal de la puerta principal era azotado por la corriente de lluvia torrencial que se desataba afuera. Quise quedarme a esperar a que un relámpago iluminara la intemperie; pero la lluvia era muy fuerte y no podía visualizar nada más que siluetas indistinguibles paseándose por ángulos extraños de la corriente de agua bañando la ventanilla. Decepcionado, me di la vuelta, pero no quería volver a mi cuarto. En su lugar, deambulé por las escaleras, al primer piso, al segundo. Llegué al tercer piso, el más alto del edifico.
Caminé por el alfombrado del piso. Las diez o tantas puertas de madera, pintadas de azul hace mucho tiempo, estaban todas cerradas. Escuché atentamente mientras caminaba, pero era medio día, no me sorprendió oír poco más que el sonido de la lluvia afuera. En lo que permanecí ahí parado, en ese turbio lugar, tuve la extraña y fugaz impresión de que las puertas eran como silenciosos monolitos de granito, esculpidos por una antigua y olvidada civilización para un insondable propósito de guardines. Cayó un relámpago que iluminó el pasillo, y pude haber jurado que, sólo por un momento, las viejas y deterioradas puertas azules se vieron como piedra áspera. Me reí de mí mismo por dejar que mi imaginación jugara así conmigo, pero entonces se me ocurrió que el resplandor de ese rayo debía de significar que había ventanas cerca. Me llegó una memoria distante, y de inmediato recordé que el tercer piso tenía una alcoba con una puerta corrediza de cristal al final del pasillo en donde estaba.
Emocionado por ver la ciudad desde lo alto en medio de la lluvia y, quizá, ver a otra persona, caminé velozmente hacia la alcoba, encontrándome con la delgada y larga puerta corrediza. Era bañada por la corriente como la ventanilla de la puerta principal. Acerqué mi mano a la manija, pero dudé. Tuve la rarísima sensación de que si la abría, vería algo completamente terrible del otro lado. El último par de días había sido tan extraño… así que ideé un plan, y volví aquí para traer lo que necesitaría. No pienso que realmente lograré algo con esto… pero no tengo nada más que hacer, llueve y me estoy volviendo loco de remate.
Regresé por mi cámara web. De ninguna forma el cable llegará hasta el tercer piso, por lo que, en su lugar, voy a ocultarla entre las dos máquinas expendedoras, pasar el cable por debajo de mi puerta y ponerle cinta de aislar encima para camuflarlo en la tira de plástico negra que se extiende por la base de las paredes del corredor. Sé que es tonto, pero estoy muy aburrido…

Bueno, nada sucedió. Dejé abierta la puerta de mi apartamento, me llené de valor, fui hasta la puerta metálica, la abrí y corrí como alma que lleva el Diablo de vuelta a mi cuarto y azoté la puerta. Miré atento por la cámara web de mi computadora, viendo en la transmisión al pasillo y una parte de las escaleras. Sigo observando en este momento, y no aparece nada interesante. Desearía que el ángulo de la cámara fuera distinto, que pudiera ver al menos una parte de mi puerta. ¡Hey, alguien se conectó!

Usé un modelo de cámara más antiguo que tenía en mi clóset para charlar con mi amigo. No supe explicarle por qué quería que fuera una llamada de video, pero se sintió bien ver la cara de otra persona. No se quedó a hablar por mucho tiempo, y no hablamos de nada importante, pero me siento mucho mejor. Mi absurdo temor casi se ha ido. Ya lo habría dejado completamente de lado, de no ser por la extraña manera en que se dio la conversación. Sé que he dicho que todo me ha parecido extraño, pero sus respuestas fueron tan vagas… no puedo recordar una sola cosa específica que me haya dicho; ningún nombre, lugar o evento en particular. Aunque sí me pidió mi dirección de correo, para mantenerse en contacto. Un momento, me llegó un correo.

Estoy a punto de salir. Recibí un correo de Amanda para pedirme que nos reuniéramos en «el lugar al que siempre vamos». Me encanta la pizza, y he estado comiendo de las sobras que había en lo que una vez fue una alacena decorosa, así que no puedo esperar. De nuevo, me siento ridículo por mi conducta de estos últimos días. Debería quemar este diario cuando regrese.
Otro correo.

Oh, por Dios. Casi ignoro el correo y abro la puerta. Estuve a punto de abrir la puerta. Estuve a punto, pero leí el correo primero. Era de un amigo que llevo un tiempo sin ver, y fue enviado a muchísimos correos que deben de ser cada contacto que tiene registrado. Omitió el título, y decía, únicamente: «ve con tus propios ojos no confíes en ell».
¿Qué demonios puede significar eso? No me lo puedo sacar de la cabeza. ¿Es un mensaje enviado para advertir de que algo ocurrió? ¡La frase claramente se mandó sin terminar! En cualquier otro día lo hubiera tomado como spam, pero las palabras «ve con tus propios ojos»… no puedo evitar releer este diario, repasar los últimos días, y caer en cuenta de que no he visto a ninguna persona con mis propios ojos o hablado con alguien cara a cara. La conversación en línea con mi amigo fue tan extraña, tan vaga, tan… misteriosa, ahora que lo pienso. ¿En serio fue misteriosa?, ¿o es el miedo que está turbando mi memoria?
Mi mente juega con los sucesos que he organizado aquí, apuntando a que no ha habido ni un tan solo dato que haya adicionado sin sospechar. El «número equivocado» que obtuvo mi nombre y la subsecuente llamada de Amanda, el amigo que pidió mi dirección de correo… Yo lo saludé primero cuando vi que estaba conectado, y luego recibí un correo apenas terminó la conversación… ¡Oh, por Dios! ¡La llamada de Amanda! ¡Le dije por el teléfono, le dije que estaba a media hora de la Séptima Avenida! ¡Ellos saben que estoy cerca de ahí! ¿Qué si están tratando de encontrarme? ¡¿Dónde está todo el mundo?! ¡¿Por qué no he visto o escuchado de nadie en días?!
No, no, esto está mal. Es de locos. Necesito calmarme.

No sé qué pensar. Recorrí mi apartamento desesperado, sosteniendo mi celular en cada rincón para ver si podía obtener algo de señal. Finalmente, en el baño, cerca de una de las esquinas superiores: una barrita. Sosteniéndolo a esa altura envié un mensaje de texto a cada número de mi lista. Consideré la probabilidad, el peor escenario posible, lo peor que podía imaginar. Envié: «¿Has visto a alguien cara a cara últimamente?».
Para este punto, lo único que necesito es una respuesta. No me importa cuál sea, de quién o si me dejé en ridículo al hacer eso. Intenté hacer una llamada, pero no podía elevar mi cabeza lo suficiente, y si bajaba el teléfono siquiera un centímetro perdía la señal. Luego recordé mi computadora y fui directo por ella. Envíe un mensaje a todos mis contactos conectados. La mayoría estaba ausente u ocupado; nadie respondió. Se agotó mi paciencia. Empecé a inventar pretextos para justificar que vinieran hasta aquí. No me importa nada a estas alturas, ¡sólo necesito ver a otra persona!
Desbaraté mi apartamento tratando de encontrar algo que haya pasado por alto, alguna forma de contactar a otro ser humano sin abrir la puerta. Sé que es demente, sé que es irracional, pero es posible, ¡es posible!, y necesito estar seguro. Fijé mi celular al techo por si acaso.

Martes
El celular timbró. Exhausto por el alboroto de anoche, debí de haberme quedado dormido. Me despertó el tono de mi celular; corrí al baño, me paré en el retrete y lo alcancé para contestar la llamada. Era Amanda, y ahora me siento mucho mejor. Estaba muy preocupada por mí y aparentemente ha intentado contactarme desde que la dejé plantada. Viene para acá, sí, sabía en dónde estoy sin necesidad de que se lo dijera. Estoy muerto de la vergüenza. Definitivamente voy a tirar este diario antes de que alguien lo vea, ya ni sé por qué sigo escribiendo en él. O bueno, quizá porque ha sido el único tipo de comunicación que he tenido desde… Dios sabe cuándo.
Me veo terrible. Me di un vistazo en el espejo antes de volver aquí. Mis ojos están hundidos, mi barba más grande y parece que estoy enfermo. Mi apartamento también está hecho un desastre, pero no voy a limpiarlo. Creo que necesito que alguien más vea por lo que he pasado. Estos últimos días no han sido normales, por donde lo vea. No soy de los que imaginan cosas. He sido víctima de la probabilidad. Seguramente me faltó poco para ver a otra persona en varias ocasiones, nada más fue que salí muy tarde por la noche, o al medio día, cuando todo el mundo está trabajando. Ahora sé que no hay problema. Además, encontré algo ayer que me ayudó tremendamente: ¡un televisor! Lo conecté justo antes de sentarme a escribir esto, y lo escucho sonar de fondo. La televisión siempre ha sido un escape para mí, y me recuerda que afuera de estos muros un mundo sigue andando, crea lo que crea.
Me alegra que Amanda haya sido la única que me contactó luego de haber mandado todos esos mensajes absurdos. Ha sido mi mejor amiga durante años. Ella no lo sabe, pero cuento al día en que la conocí como uno de los mejores que he tenido en toda mi vida. Fue un tibio día de verano; pareciera como si el recuerdo estuviera arrancado de un mundo distinto del que me encuentro ahora. Sentí que pasaron días enteros en ese parque, al que ya estábamos demasiado grandes para ir, hablando con ella solamente. Todavía puedo volver a ese momento en veces, y me recuerda que este lugar no es lo único que existe… Al fin, ¡llaman a la puerta!

Pensé que era raro que no la hubiera visto por la cámara que escondí en el pasillo. Supuse que fue por la perspectiva, similar a no poder ver mi puerta. Debí saber que eso sería un problema. Después de que tocara, grité en tono de broma que tenía la cámara entre las máquinas… vaya que había dejado a mi paranoia ir lejos. Vi su imagen acercarse y bajar la vista hasta dar con ella. Sonrió y saludó con una de sus manos.
—Qué hay —dijo alegremente, mirando curiosa.
—Lo sé, es raro —hablé por el micrófono conectado a mi computadora—. He tenido una mala racha —agregué.
—Seguro —contestó—. Ábreme Juan.
Dudé. ¿Cómo podía estar seguro?
—Sígueme un poco la corriente, ¿sí? Dime algo sobre nosotros, para probar que eres tú.
Miró a la cámara, se tocó la barbilla y volteó hacia arriba; sacó un papel y un lápiz. Escribió en ellos. Enseñó el papel para que pudiera verlo en la cámara:
«Ya estábamos muy grandes para ese parque».
Suspiré profundamente, la realidad volvía, el miedo se disipaba. Joder, había sido tan ridículo. ¡Por supuesto que era Amanda! Ese recuerdo no estaba en ningún otro lugar más que en mi memoria. Nunca he hablado con nadie de ese día, y no por vergüenza, sino por tenerlo como un nostálgico recuerdo. Si había alguna entidad desconocida que trataba de engañarme, como temía, de ninguna forma podría saber sobre ese día.
—Bueno, dame un segundo —le dije entre risas.
Corrí a mi pequeño baño y peiné mi cabello lo mejor que pude. Me miraba terrible, pero ella entendería. Riendo por mi tonto comportamiento, y el desorden en el que estaba, caminé hacia la puerta. Puse mi mano sobre la perilla y di un último vistazo a mis espaldas. Comida mordisqueada regada por el suelo, el bote de basura caído y la cama que había volcado hacía unas horas buscando… Dios sabrá qué estaba buscando. «Tan tonto», pensé.
Antes de girar la perilla, mis ojos notaron una cosa más: la cámara que usé para charlar con mi amigo. La esfera negra estaba sobre su costado y el lente apuntaba a la mesa en donde este diario se encontraba. Un terror enorme se apoderó de mí en cuanto pensé que si algo podía mirar a través de esa cámara, vería lo que había escrito acerca de ese día. Le pedí una cosa, cualquier cosa acerca de nosotros, y ella escogió la única en el mundo que creí que eso o ellos no sabrían… pero lo hacen, lo saben, ¡hasta pudieron haberme observado todo este tiempo!
No abrí la puerta. Grité. Grité sin parar. Arranqué la cámara y la estampé contra el suelo. La puerta tembló y la perilla intentó girar, pero no escuché la voz de Amanda al otro lado. ¿Sí era ella quien estaba afuera? ¿Quién más pudo ser sino Amanda? ¿Quién demonios estaba afuera? ¿Qué demonios estaba afuera?
La vi por la cámara, la escuché por mis parlantes, ¿pero fue real? ¡Cómo saberlo! Grité alarmado por ayuda. Aseguré la puerta con todos mis muebles. Por ahora se ha ido.

Viernes
Al menos creo que es viernes. He roto todos mis aparatos electrónicos. Destruí mi computadora. Cualquier cosa en ella podía, a fin de cuentas, ser manipulada por medio de la red. Sé de eso, soy un programador. No podía arriesgarme. Cada pequeño dato respecto a mí, mi nombre, mi correo, mi ubicación, todos fueron cosas que he dicho. He releído lo que he escrito una y otra vez. He intentado juzgar lo que he escrito, bailando entre el miedo y el escepticismo. A veces me consta que una entidad está decidida en el simple objetivo de hacerme salir de aquí: desde el principio, Amanda no hizo más que pedirme que abriera la puerta y saliera. Puedo leerlo, puedo leerlo claramente ahora.
Trato de ver las cosas desde todos los ángulos. Por un lado, soy un lunático que ha interpretado una convergencia de probabilidades extremadamente improbables, pero factible: no asomarme en el momento adecuado, no ver a otra persona por mero azar, recibir un correo extraño como los miles que es posible recibir, pero en el momento preciso. Por el otro, esa convergencia de probabilidades es la única razón por la cual lo que sea que está afuera no me ha atrapado aún: no abrí la puerta corrediza del tercer piso, y tal vez nunca debí abrir la puerta metálica al final del corredor. No volví a abrir la puerta de mi apartamento después de abrir la puerta metálica. Lo que sea que esté allá afuera —si es que está allá afuera— nunca «apareció» en el pasillo antes de que la abriera. Tal vez se había dedicado a cazar a todas las personas que se encontraban al descubierto y luego esperó, hasta que delaté mi existencia al tratar de llamar a Amanda… una llamada que no se concretizó hasta que eso me hablara y preguntara mi nombre.
Mi temor literalmente me abruma cada vez que intento acoplar todas las piezas de esta pesadilla. Ese correo —corto, cortado— era de alguien intentando decir algo. ¿Una advertencia aliada, intentando llegar a mí antes de que fuera muy tarde? Ver con mis propios ojos, no confiar. Puede que tenga dominadas a todas las cosas electrónicas, que haya elaborado una enorme red para engañarme y hacerme salir. ¿Por qué no puede entrar? Tocó la puerta, así que al menos, parcialmente, es sólido. La puerta. La idea de esas puertas como monolitos guardianes en el tercer piso aparece cada vez que mis pensamientos siguen este rumbo. Si hay alguna entidad etérea intentando que salga a la intemperie, quizá esa entidad es incapaz de cruzar las puertas.
No paro de pensar en todos los libros que he leído, en todas las películas que he visto, tratando de encontrar la respuesta a esto. Las puertas siempre han sido gatillos de la imaginación humana, plasmadas en numerosas ocasiones como portales de singular importancia ¿O quizá la puerta es muy gruesa? Yo no podría derribar ninguna de las puertas de este edificio, especialmente las del sótano. Dejando eso a un lado, ¿por qué me quiere a mí? Incluso yo puedo imaginar al menos una docena de formas de matarme, incluyendo dejar que me pudra aquí abajo y muera de hambre. Quizás eso es precisamente lo que está haciendo. Está llenándome de miedo; pero, ¿y si no quiere matarme?, ¿y si puede hacer algo peor? Dios, ¡¿cómo salgo de esta pesadilla?!
Llaman a la puerta…

Le dije a la gente del otro lado de la puerta que necesitaba unos minutos más para pensar las cosas y saldría. Sólo estoy escribiendo esto para decidir qué hacer. Al menos esta vez he escuchado sus voces. Mi paranoia —sí, reconozco que estoy siendo paranoico— me hace pensar en todas las formas que una voz humana podría fingirse por algún medio electrónico. El pasillo podría estar lleno de altavoces simulando voces humanas. ¿Realmente les tomó tres días venir a hablar conmigo? Se supone que Amanda está ahí afuera, junto con dos policías y un psiquiatra. Tal vez les tomó tres días pensar en qué decirme. La explicación del psiquiatra sería muy convincente, si decidiera pensar que todo esto no ha sido nada más que un extraño mal entendido, y dejar fuera de la ecuación a la entidad que intenta engañarme para abrir la puerta.
El psiquiatra tiene la voz de un viejo. Autoritaria pero sensible. Me agrada, me recuerda a la de mi propio padre. Dice que sufro de algo llamado «cyberpsicosis», y soy sólo uno más de una enorme epidemia que se cuenta por miles, detonada por un correo sugestivo que «se filtró de alguna forma». Juro que lo dijo así: «Se filtró de alguna forma». Creo que intenta decir que se esparció por todo el país inexplicablemente, pero sospecho demasiado que a la entidad se le ha resbalado algo. Dijo que soy parte de una ola de «comportamiento emergente»; que muchas personas más están enfrentando mi mismo problema, y el mismo miedo, aunque nunca nos hayamos comunicado.
Eso explica el correo que recibí sobre ver con mis propios ojos. No recibí el correo detonante original, recibí un derivado. Mi amigo pudo haber perdido la razón también, y ha intentado advertir a todo el mundo sobre su paranoico miedo. Así es como el problema se esparce, afirma el psiquiatra. Pude haberlo esparcido también con el mensaje que envié por el celular y los que mandé por Messenger. Alguno de todos esos contactos podría estar volviéndose tan loco como yo después de haber leído uno de esos mensajes, y ahora estar interpretando la realidad en la forma en la que yo lo estoy haciendo.
El psiquiatra me dijo que no quería «perder uno más». Que la inteligencia de gente como yo es precisamente nuestra perdición. Trazamos conexiones tan bien, que incluso las trazamos en donde no deberían estar. Dice que es fácil comenzar a acumular paranoia en el mundo en el que vivimos ahora, un lugar en constante cambio en donde cada vez mayor parte de nuestra interacción es simulada…
Hay que admitirlo, es una explicación hermosa. Reúne y explica todo. Lo explica perfectamente, de hecho. Tengo todas las razones del mundo ahora para sacudirme este horror atávico de que algo se encuentra del otro lado de la puerta lista para capturarme y llevarme a un destino peor que la muerte. Sería tonto, tras oír esa explicación, permanecer aquí hasta morir de hambre para evitar a esa entidad que quizá ya haya atrapado a todos los demás. Sería tonto pensar, tras oír esa explicación, que yo sería una de las pocas personas que restan en un mundo vacío, escondiéndose en la seguridad de su sótano, jodiendo a una impensable y engañosa entidad que juega a ser omnipotente con tan sólo rehusarme a abrir una puerta. Es una explicación perfecta para cada evento extraño que he escrito aquí; tengo todas las razones del mundo para dejar ir mis miedos, y abrir esa puerta.
Y es exactamente por eso que no lo haré.
¿Cómo puedo estar seguro? ¿Cómo puedo saber qué es real y qué un engaño? Todas estas malditas cosas con sus cables y sus señales que nacen de un origen imperceptible y llegan hasta ti, ¡no son reales, no puedo estar seguro! ¡Señal de video, de celular, correos! Incluso la televisión, ahora silenciosa, partida por la mitad, en el suelo. ¿Cómo podría saber qué es real? Todo mensaje no es más que energía, ondas, luz… la puerta. ¡Está golpeando la puerta! ¡Intenta entrar! ¿Qué alimaña mecánica podría estar empleando para simular a una persona golpeando una puerta tan perfectamente? Al menos ahora podré verlo con mis propios ojos. No queda nada con lo que pueda engañarme; no puede engañar a mis ojos, ¿o sí? Ve con tus propios ojos, no confíes en ell… un momento, ¿ese mensaje trataba de decirme que confiara en mis ojos, ¡o advertirme sobre mis ojos también!? Oh, por Dios, ¿cuál es la diferencia entre una cámara y mis ojos? Ambos transforman la luz en señales eléctricas, son… ¡lo mismo! No puedo permitir que me engañe, Dios, ¡no puedo permitir que me engañe! No voy a permitirlo, no puedo estar seguro. ¡Necesito estar seguro!

Fecha desconocida
He pedido tranquilamente una pluma y un papel, por el día, por la noche, hasta que finalmente me los dio. No que importe, ¿qué voy a hacer? ¿Sacarme los ojos de nuevo? Los vendajes se sienten como una parte de mí ahora. El dolor se ha ido. Supuse que ésta sería una de mis últimas oportunidades de escribir legiblemente, puesto que sin mi vista que corrija errores, mis manos progresivamente olvidarán el mecanismo involucrado. Es un capricho, escribir… un vestigio de otra era, porque evidentemente ha asesinado al resto del mundo.
Me siento contra la pared día y noche. La entidad me trae comida y agua. Se disfraza como una amable enfermera, como un antipático doctor. Sabe que mi oído se ha agudizado considerablemente ahora que estoy en oscuridad; finge conversaciones en el corredor, con la intensión de que lo escuche. Una de las enfermeras habla sobre tener un bebé pronto, uno de los doctores perdió a su esposa en un accidente de auto. No que importe, nada de eso es real. Nada me llega, no como ella lo hace.
Ésa es la peor parte, la parte que casi no puedo soportar. Esa cosa viene a mí enmascarada como Amanda. Su recreación es perfecta. Suena exactamente como Amanda, se siente exactamente como ella. Hasta produce una simulación admirable de sus lágrimas, que me obligó a sentir sobre sus tibias mejillas. En un inicio, cuando me trajo aquí, me dijo todas las cosas que quería escuchar. Me dijo que me amaba, que siempre lo había hecho, que no entendía el porqué de esto, que todavía podíamos tener una vida juntos, ir al parque todos los días, si quería.
Con la condición de que dejara de insistir sobre la farsa. Quería que creyera. No, necesitaba que lo hiciera. Que era real, que era ella. Jamás sabrás qué tan cerca estuve de ceder a ese acto tuyo. Dudé de mí mismo por mucho tiempo; pero eres un perfeccionista, todo era demasiado real o lo que entiendes por real, y, ¿sabes?, la realidad tiene otras cosas que aún no alcanzas a captar, quizá porque ni siquiera nosotros mismos logramos hacerlo del todo, ni representarlo.
La falsa Amanda venía todos los días, luego cada semana, hasta que por fin dejó de joderme con ella… pero no creo que la entidad se rinda. El juego de esperar es otro de sus trucos. Lo resistiré por el resto de mi vida, si es necesario. No sé qué fue lo que le ocurrió al resto del mundo, pero sí sé que esta cosa necesita que caiga. Si es así, entonces tal vez, sólo tal vez, soy una piedra en su camino. Quizá Amanda sigue con vida en algún lado, mantenida con vida únicamente por mi voluntad de resistir el engaño. Me sostengo a esa esperanza, meciéndome hacia adelante y hacia atrás en mi celda para pasar el tiempo. Nunca me rediré. Nunca caeré. Soy… ¡un héroe!
===
El doctor leyó el papel en el que el paciente había escrito. Apenas podía entenderse, escrito con la temblorosa mano de un ciego. Quería sonreír ante la firme determinación del joven, un recordatorio de la voluntad humana de querer sobrevivir, pero sabía que el paciente estaba completamente delirante.
Después de todo, una persona sana hubiera caído en el engaño hace mucho tiempo.
El doctor quería sonreír. Quería susurrar palabras de ánimo al delirante joven. Quería gritar, pero los delgados filamentos conectados a los nervios de su cabeza y en sus ojos se lo impedían. Su cuerpo caminaba a la celda como una marioneta, y le decía al paciente, una vez más, que estaba equivocado, y que no había nadie tratando de engañarlo.

viernes, 30 de mayo de 2014

Por favor, abre la puerta

Han pasado tres años desde aquella noche.
Yo no debí haber estado ahí, ellos lo sabían. Ese día salí muy temprano a la casa de un amigo, sus padres no estarían y tenía un nuevo videojuego de terror; pasaríamos toda la noche jugando.
Ellos lo sabían, yo no debí haber estado ahí esa noche, mi amigo debió estar solo. Ellos lo habían observado por días como hacen siempre y sabían que esa noche estaría solo. Desde el momento en que lo eligieron, no había marcha atrás.
Pero tal vez quieras saber quiénes son ellos. Bueno, la verdad… aún no estoy seguro, sigo sin asimilar lo que pasó aquella noche; pero te contaré lo que hasta ahora sé, para que tengas cuidado.
Ellos se encuentran en todas partes, en ningún lugar estás exento de ser su víctima. Eligen a una persona, no sé bien cómo o en qué características se basan, pero una vez que te eligen no cambiarán de opinión: te vigilan, te estudian y estudian a todas las personas que conoces. Día tras día te observan cuidadosamente sin que tú te percates de su presencia.
Y esperan la noche en que su víctima esté sola, es en ese momento cuando todo empieza.
Aquel día llegué alrededor de las 8:00 p.m. a su casa. Sus padres habían salido desde temprano y él había preparado todo lo necesario para pasar jugando toda la noche. Al día siguiente no habría clases, así que yo regresaría a mi casa por la mañana. Pasamos un buen rato jugando, el tiempo pasó tan pronto que cuando nos dimos cuenta ya era la una de la madrugada. Nos habíamos llevado algunos sustos con el juego, así que comenzamos a hacer bromas con la situación; ahí fue cuando todo se puso raro. Empezamos a escuchar ruidos extraños afuera de la habitación, que al principio pensábamos que no era nada importante, e hicimos algunos chistes en relación a lo que jugábamos. “Deben ser los zombis”, nosotros sólo reíamos. Pero nos comenzamos a poner tensos cuando el sonido se oía más claro: eran pisadas, se escuchaban pisadas por todo el pasillo de afuera.
—¿Crees que tus padres hayan regresado? —le pregunté, a lo que él respondió que sus padres regresarían hasta el día siguiente, por la tarde. Además, el número de pasos que se escuchaban eran demasiados como para ser sólo sus padres.
De pronto, luego de oír todos esos pasos acercándose cada vez más a la puerta, hubo un profundo silencio.
—¿Hay alguien afuera?… ¿Quién está ahí? —comenzamos a preguntar, nerviosos. Estábamos seguros de que había alguien afuera, pero esos sonidos… ¿quién podría ser? En la habitación en la que estábamos había una computadora que mi amigo había encendido desde que comenzamos a jugar, era una costumbre suya. Se escuchó un sonido que provenía de ella, un sonido familiar, pero que por el miedo que teníamos en ese momento nos provocó una reacción de sobresalto a ambos. Era sólo un correo electrónico que le había llegado, pues también había dejado la ventana de su correo abierta. Ver esto nos dio algo de sosiego, y hasta reímos un poco; sin embargo, la tensión volvió a nosotros al notar que la dirección de quien lo enviaba era irreconocible, una combinación aleatoria de números y letras. Dudamos abrirlo, pero mi amigo decidió hacerlo. Quedamos completamente paralizados tras leer lo que decía el correo:
”Pase lo que pase, no abras la puerta”.
Con tan sólo leer esas palabras, una sensación completamente rara invadió mi corazón. En ese momento realmente sentía pánico, pero el mensaje decía más.
”Ellos están afuera. Por favor, hagas lo que hagas, escuches lo que escuches, no abras la puerta. Intentarán convencerte de que lo hagas, tienen muchos métodos; pueden fingir ser alguien que conoces, un familiar, un amigo, y sus voces sonarán igual. Tal vez te pidan ayuda, te dirán que están lastimados, te suplicarán que abras la puerta. Pero escuches lo que escuches esta noche, no abras. Trata de ignorarlos, trata de dormir, mañana todo estará bien. Ellos jugarán con tu mente; no lo permitas. Por favor, créeme, ¡no abras la puerta!”.
Cuando terminamos de leer yo no sabía qué pensar. Tal vez era una broma tonta de alguien, tal vez incluso era mi amigo quien me jugaba una broma… pero él tenia esa expresión, estaba tan asustado como yo, lo pude sentir. Ahora sabíamos que había alguien ahí afuera, tras la puerta. De pronto, llegó el momento más aterrador que nos pudimos esperar; en ese instante un escalofrió recorrió todo mi cuerpo y me dejó paralizado. Una voz se escuchó, provenía de atrás de la puerta. Mi amigo estaba seguro y yo lo puedo corroborar: la voz era la de su madre.
—Hijo por favor ábreme, tu padre y yo tuvimos un accidente en el auto, estamos muy lastimados… por favor, abre, ayúdanos. —Al escuchar esto mi amigo sólo retrocedió un paso. Aún puedo recordar esa expresión en su rostro, estaba en shock. Estoy seguro de que ninguno de los dos lo creíamos ni sabíamos qué hacer.
—Hijo por favor, abre, ¿qué esperas? Necesitamos tu ayuda… —Sin lugar a dudas, ésa era la voz de su padre. Eran las voces moribundas de sus padres tras la puerta, clamando por ayuda. Mi amigo y yo permanecimos sin reacción por algunos segundos, después él se volteó lentamente, y me dijo:
—Esos realmente son mis padres. Necesitan ayuda, abriré la puerta.
Se propuso dirigirse hacia la puerta, pero lo detuve.
—Recuerda el correo, lo que nos dijo que pasaría, ¿no se te hace extraño?, ¿qué tal si es verdad y ellos no son tus padres? —Él lo único que hizo fue hacer que lo soltara. “No digas tonterías”, me dijo. “Tú los escuchaste, ésas eran las voces de mis padres. El correo debe de ser una estúpida coincidencia”. Se dirigió a la puerta sin que pudiera hacer nada.
La verdad, no sé qué me hizo hacerlo, pudo ser el miedo que me invadía… pero al verlo dirigirse a la puerta, lo único que pensé fue correr hacia el armario en donde mi amigo guardaba algunas de sus cosas y esconderme ahí. No sabía lo que pasaría, pero en verdad tenía miedo.
Lo que escuché a continuación aún no lo olvido, y hasta el día de hoy tengo pesadillas con ello. Él abrió la puerta, y después sólo pude escuchar sus gritos. Eran unos gritos desgarrantes, llenos de dolor y terror; yo no pude hacer nada más que permanecer inmóvil, hasta que después de unas horas me quedé dormido.
Al despertar por la mañana, me extrañó ver el lugar en que me encontraba, y luego lo recordé todo. Salí del armario y en la habitación no había nadie. Noté de inmediato que ya era de día y que la puerta estaba abierta, así que decidí salir. Busqué por toda la casa esperando encontrarlo y que me dijera que todo había sido una broma, pero mi amigo no estaba. En la tarde llegaron sus padres y les conté lo sucedido, llamaron a la policía y lo buscaron por días, pero él nunca apareció. El correo que le había llegado esa noche también desapareció, y para ser honesto creo que nadie creyó nada de lo que les había contado.
Aunque… no importa que nadie me creyera, yo sé lo que pasó esa noche y sé que ellos estaban ahí afuera. También sé que no debí haber estado ahí, que no debería saber que ellos existen.
Aún no sé por qué lo hacen, creo que sólo tratan de divertirse con las personas, con su pánico… alguna especie de juego. Cada día lo analizo y trato de aprender más de ellos; sé que sólo llegan en la noche y que pueden imitar cualquier voz, que si no abres la puerta se irán y también creo que siempre recibirás ese extraño mensaje de advertencia, debe ser parte de su macabro juego.
No debí estar ahí ese día, y no debería saber que ellos existen. Sé que algún día regresaran por mí, pero pase lo que pase, no abriré la puerta.

domingo, 18 de mayo de 2014

Sally

El verano era bastante bueno ese año. El sol como siempre, calentaba la piel, las ligeras brisas que recorrían el barrio apaciguaba el calor y el frío, por lo que el clima era perfecto.
Un verano que Sally jamás olvidará. Sally era una niña de 8 años, cabello largo y rizado de ojos verdes claro. Era una niña muy educada, alegre y obediente. Sus padres la adoraban, no podían pedir más de ella. Sally reía mientras jugaba con sus amigos afuera de su casa, jugaban a la rayuela, a las muñecas y las etiquetas, su madre la miraba desde adentro limpiándose las manos con su delantal, gritándole:

“¡Sally! ¡Es hora de que comas tu almuerzo!” Sally levantó la vista de su juego sonriéndole “Esta bien mamá” sentándose en la mesa, emocionada.

Su madre le coloco un sándwich de mantequilla, unos bastones de zanahoria, un apio alado y un zumo de naranja.

“Gracias mami”.

“De nada cariño”.

La niña empezó a comer, mientras su madre se sentaba a su lado sonriéndole “¿adivina qué...? Tu tío Jhonny viene de visitas” ella le sonrió con las comisuras de la boca llenas de comida.

“¡Mm! ¿Mio Jommy?” repitió con su boca llena mientras la madre se reía de ella asintiendo la cabeza.

“¡Ajam! El viene a ayudar a tu padre con su trabajo y también a cuidarte, tal vez podamos ir a la feria juntos”

Sally masticaba rápido lo que quedaba en su plato.

“¿Sara y Jennie también?” La madre levanto la vista pensativa “depende de lo que digan sus padres, si pueden, sí”

La niña sonrío y salto de su asiento nuevamente. Este verano lo pasaría genial. En el transcurso de los días el tío Jhonny llegó a la casa de su hermana, salio de su coche estirando su cabeza y dando un suspiro de cansancio.

“¡Tío Jhonny!” gritó llamando su atención y corrió hacia sus brazos, el cual le respondió:

“¡Hey Sally! ¿Cómo estás?” levantándola y abrazándola apropiadamente, la niña sonrió y miro a sus amigos que la estaban mirando.

“Estaba jugando con Sara y Jennifer, ¡Mamá esta adentro, vamos a decirle que llegaste!”.

“Suena bien”

L 'a baja y caminan hacia la casa, llamando desde afuera a la madre.

“¡Hey Marrie! ¡Ya llegue!” Mientras Sally, iba hacia dentro.

"¡Mamá! ¡Ya está aquí!" la madre salió de la casa corriendo de la cocina y sonrió al ver a Johnny.

“¿Johnny, has llegado bien?”.

El hombre puso la niña en el suelo y le dio una palmadita, y abrazó a la mujer.

“Por supuesto que sí. ¿Por qué si no iba a venir aquí sano y salvo?”

Se echó a reír, y caminó hacia la cocina con la mujer. Luego Sally corrió hacia la puerta, gritando que volvería a jugar.

“¡Asegúrate de entrar antes de que oscurezca!”

“¡Sí, señora!” Y la niña se fue.

A la hora de la cena, el padre de Sally llegó a casa, feliz de ver a su hermano en su casa. Caminando con su hija, se acercó a Johnny con un apretón de manos y un abrazo.

“Encantado de verte hombre, ¿Cómo estás?” Le preguntó cruzando los brazos, mirando a su esposa poner la mesa. Johnny se encogió de hombros, jugueteando con sus pulgares.

“Me separe de Karen.”

“Oh, eso es terrible, lo siento...”

Johnny meneó la cabeza con una sonrisa.

“No, está bien. Estoy contento, me puedo mover libremente sin tener a alguien constantemente queriendo saber dónde estoy y lo que hago.”

Los dos hombres rieron juntos, sentándose en la mesa para comer.

“Mmm Marie, esto sabe maravilloso.”

“Gracias, me alegro de que te guste.”

“Mhm ¡está delicioso mamá!”. Los adultos sonrieron y se rieron del cumplido de la niña.

Los platos de empezaron a vaciar, y Sally empezó a bostezar una y otra vez, frotándose los ojos con sus manos. Su madre sonrió y le frotó suavemente la espalda.

“Parece que alguien está cansada, ¡hora de ir a dormir!”

Sally asintió y saltó de su asiento, recogiendo su plato y llevándolo al fregadero. Su madre se levantó para llevarla a la cama, pero Johnny la detuvo jalándola del brazo.

“Yo la llevo.” Dijo sonriendo.

“Muy bien, gracias John.”

El hombre asintió con la cabeza, mirando a la mujer y llevó a la joven a su habitación. John sonrió y cerró la puerta detrás de él, mirando el pequeño desorden de la niña.

“¿Necesitas ayuda?” Le preguntó, mirando a la niña, la cual también lo mira asintiendo.

“Está bien, vamos a ver lo que tienes.”

El hombre comenzó a buscar entre sus pijamas.

“¿Tiene alguno de fresas? Apuesto a que vas a oler igual ellos en tus sueños.”

Él tomó la camisa y se la mostró, inhalándolo un poco. Sally rió y negó con la cabeza para indicar que no quería llevar su pijama de fresas. Johnny asintió con la cabeza, puso la camisa de nuevo en su sitio y sacó una camisa con un unicornio.

“¿Qué tal este? Apuesto a que vas a montar en unicornio señorita”.

Una vez que la niña se rió y negó con la cabeza. El hombre soltó un pequeño gruñido antes de colocarlo de nuevo. Luego sacó un camisón blanco.

“¿Qué tal esto? Te convertirás en una princesa.”

Los ojos de Sally se encendieron y dio una palmada con entusiasmo y asintió. Coloco el vestido en la cama, él se acercó a ella y comenzó a desabrocharse la camisa.

“Puedo vestirme tío”. Dijo con una sonrisa, mirando hacia abajo. El hombre sonrió y asintió con la cabeza, sin dejar el trabajo a medias.

“Apuesto a que puedes, pero estás cansada, y ¿por qué no te puedo ayudar?” Le preguntó, mirando a Sally cabecear un par de veces.

Una vez consiguió desabrochada la camisa, él se deslizó por sus hombros y le dio un codazo en la panza, haciéndola reír.

Él sonrió y cogió el borde de sus pantalones cortos y tiró hacia abajo. Finalmente, el hombre agarró su camisón y empujó la apertura por encima de su cabeza, asegurándose de que sus brazos podían pasar por las mangas.

“¡Ya está!” Dijo alegremente, mirando la sonrisa de la niña de nuevo, riendo mientras llegaba a la parte superior de la cama.

Johnny se levantó y recogió su ropa, la puerta se abrió y entró la madre de Sally.

“¿Estás lista para dormir?” dijo. Johnny se levantó y corrió hacia el otro lado de la cama.

“La voy a recostar, ¿te parece bien?”

Marie lo miró y sonrió moviendo la cabeza.

“Claro que si”.

Miró a su hija, se inclinó y la besó en la frente.

“Buenas noches mi amor.”

“Buenas noches mamá”.

Dijo la niña dándose un masaje suave con el dedo pulgar en la frente, la mujer tomó la ropa y Johnny la hizo salir de la habitación. Johnny sonrió a la madre y se acercó al interruptor de la luz, apagándolo, luego cerró cuidadosamente la puerta de la habitación con llave y miró por encima del hombro a Sally. Johnny tenía una sonrisa escalofriantemente retorcida.

Al paso de los días, Marie observó que Sally no actuaba con normalidad, ella no sonreía tan brillante como antes, no mostraba alegría, ni hablaba con la misma cantidad de felicidad. Marie tomó la mano de la niña antes de irse a jugar con sus amigos, y se la llevó a un lado.

Sally miró a su madre con una mirada confusa.

“Cariño, ¿te sientes bien?” preguntó, arrodillándose para estar a la altura de su hija. Sally miró distraídamente, y poco a poco comenzó a llorar.

Su madre abrió los ojos, confundida.

"¿Sally?"

“M-mama... yo... yo no quería t-to...”

Alcanzó a decir la niña con ataque de hipo.

“¿No querías hacer que amor?”

“…Yo no quería jugar... yo no quería jugar su juego...”

Sally miró a su madre y la abrazó con fuerza.

“El... m-me...tocó-y me hizo toc-arlo!”

Marie frunció el ceño y comenzó a acariciarle suavemente el cabello, consolándola.

“Shhh, no pasa nada, mamá está aquí ahora, fue una pesadilla, eso es todo”. “Todo está bien ahora, ¿de acuerdo? No te preocupes por eso.”

Miró a Sally, que estaba a punto de llorar, y sonrió.

“B-bien mamá ..”

Su madre sonrió y la besó en la frente.

“Ahora ve a lavarte, no querrás ir a jugar con la cara sucia”.

Sally soltó una risita y salió corriendo al baño a lavarse la cara. Más tarde ese día, Johnny y su hermano regresaron a la casa a continuar el trabajo. Frank suspiró, sonriendo cuando vio a Sally.

El padre le devolvió el saludo, cerró la puerta del coche y caminó hasta la casa. Johnny miró a Sally sonriéndole, saludando a la niña. Su sonrisa se marchitado lentamente, mostrando menos felicidad en ella, pero le devolvió el saludo también. Johnny también entró en la casa, y se detuvo cuando escuchó la conversación entre su hermano y su esposa.

“Sally ¿qué?” -Preguntó Frank.

“Ella tuvo una pesadilla, una muy mala y me dijo: “Él me tocó.”

“Bueno, ¿quién diablos es "Él"?”

“No lo sé, Frank... sólo fue una pesadilla, quería informarte de lo que ha estado pasando con ella y por qué está actuando diferente”.

Johnny frunció el ceño con ira, con los nudillos volviéndose blancos, después se calmó rápidamente, puso una sonrisa, y entró en la habitación.

“¿Vaya... interrumpí algo?” Les preguntó, mirando a la pareja sacudiendo sus cabezas. Johnny sonrió de nuevo, señalo al coche.

“Voy a ir a la tienda, ¿necesitas algo Marie?”

La mujer sonrió y miró hacia la cocina.

“Sí, en realidad. ¿Me puedes conseguir algunos huevos, leche, pan y zumo?”

Johnny asintió con la cabeza, a punto de salir hasta que se detuvo.

“Sally quería venir también, sólo quería informarte”. Marie sonrió. “Gracias Jhon”.

Él asintió de nuevo y se dirigió fuera de la casa con las llaves en mano, mirando a Sally con sus amigos.

“Sally”

Ella levantó la vista hacia él y lo miró fijamente.

“¡Vamos a comprar!”

John se dirigió hacia el coche, haciendo un gesto a la chica para que lo siguiera. Sally se sentó allí por un momento, luego puso sus muñecas sobre la hierba.

“Voy a dar una vuelta, por favor cuiden a Mazapan y Lily”

Jennie y Sarah sonrieron y asintieron con la cabeza. Sally se dirigió de mala gana al coche y subió al asiento de pasajeros.

“¿Sabe mamá que iré contigo tío?”

Preguntó ella. Johnny asintió con la cabeza y puso las llaves en el encendido, arrancándolo y salió de la calzada.

“Sí, ella quiere que compremos cosas para la comida, tal vez pueda conseguir algo.”

Él sonrió mirando a la niña. Sally sonrió nerviosamente y miró hacia delante, observando el paisaje. Tan pronto como llegaron a la carretera que va a la tienda, Sally se dio cuenta de que no se detuvo al estar enfrente de la tienda. Ella frunció el ceño confundida, y alzó la vista hacia él.

“Tío Johnny, te acabas de pasar la tienda...” 'Dijo apuntando en la dirección a la tienda de alimentos integrales.

Pero él no hablo, sólo siguió conduciendo, con una sonrisa muy leve en su cara. La niña se sentó y miró por encima del asiento trasero, mirando a la tienda poco a poco cada vez más pequeña hasta que se perdió de vista. Al darse cuenta de que no iban al supermercado, la niña vio que el tío aparcó en un parque que había cerca de la ciudad, pero nadie salía al parque los domingos.

Sally se puso nerviosa, su respiración se aceleró, mirando al hombre con ojos muy abiertos. Johnny apago el motor, mirándola, la ira se mostraba en su rostro.

“Te dije que no le digieras nada a mamá, ¿no?” Le preguntó, mirando a la niña negando desesperadamente con la cabeza.

“No estas jugando el juego correctamente, Sally.”

El hombre se acercó y sacó a la niña del auto.

“Dijiste que jugarías conmigo Sally, me mentiste”.

Abrió la puerta del coche a su lado saliendo junto con ella y la empujó al suelo.

“Uno tiene que ser castigado por romper las reglas.” dijo desabrochandose el cinturón...

Una pareja encontró el cuerpo de una niña de 8 años en el parque de la comunidad, era Williams Rally, fue encontrada esa noche a las 9 PM.

“Podría haber jurado que cerré la puerta antes de meterme en la cama, supongo que se me olvido...”

El adolescente caminó por la habitación y cerró la puerta. Antes de que pudiera acostarse de nuevo y tan pronto como se cubrió, las piernas, se le congelaron al oír el leve sonido de un llanto, sonaba como un niño.

Se levantó poco a poco de la cama una vez más, se dirigió a la puerta y la abrió. El llanto parecía ser más fuerte fuera de su habitación, miró hacia abajo en la oscuridad y se arrastró por el pasillo, siguiendo el sonido de los gemidos. Una vez llegando al final del todo, se quedó sin aliento. Sentada en el suelo, delante de la ventana iluminada por la luna, era una niña, estaba encorvada, llorando.

Tragó saliva y el adolescente tomó la palabra.

“Quién... quién eres? ¿Cómo te metiste en mi casa?” le preguntó a la niña.

De pronto, el llanto se detuvo, la niña movió lentamente sus temblorosas manos lejos de su cara y miró detrás de ella, retorciéndose ligeramente. La sangre sustituyó sus lágrimas, manchando sus manos.

Ella estaba impregnada de sangre, el pelo en un lado de su cabeza, el goteo de sangre de la herida en su rostro y su ropa sucia. A través de los brillantes ojos verdes parecía que se veía su alma.

“Esta es mi casa....” habló con voz ronca, sonando como si estuviera luchando para hablar.

El cuerpo de la chica hizo una mueca y se movió extrañamente hacia el adolescente. Sus pies estaban sucios, como si hubiera estado corriendo por el barro, llena de raspaduras por las rodillas y piernas; y el final de su vestido estaba roto y estropajoso, "Sally" era el nombre cosido en la parte delantera.

“¿Quieres jugar?” sonrió, con los dientes manchados de sangre mientras hablaba.

“Juega conmigo...”

miércoles, 7 de mayo de 2014

MANDU

Respira profundo y ten paciencia, tranquilo, él no está detrás de ti. En este mismo momento Mandú está en tu habitación, él esta a la vista desde donde estés leyendo esto; no trates de buscarlo, se molestaría. Mandú es el ser que trata de hacerte daño en tus pesadillas más terroríficas, por lo tanto es recomendable que trates de despertarte lo más rápido que puedas en una de ellas. También Mandú es el espíritu de las personas a las que alguna vez les hiciste daño, por lo que Mandú buscara venganza. Mandú es ese miedo que tratas de evitar, lo que no quieres ver, lo que no quieres sentir, Mandú es el fuego que tratas de evitar del infierno y el cuchillo del que evitas ser víctima. En este momento Mandú se acerca lentamente a ti, NO MIRES, quédate quieto, repito, a Mandú no le gusta que lo busquen. Ese nerviosismo que sientes de pies a cabeza indica que Mandú no debe de estar muy lejos, no trates de recordar traumas por que Mandú los revivirá, no pienses en tus peores miedos porque Mandú los hará realidad. En lo que te pasas la saliva por la garganta y el escalofrío de tu nuca se hace presente, Mandú está pensando en qué hacerte, en cómo saciar la venganza de las personas afectadas por tu persona. ¿Adivina qué? Mandú está justo arriba de ti, NO MIRES ARRIBA y evita cualquier cosa que pueda reflejarlo (vidrios, espejos, vasos). Si sigues leyendo esto, tuviste suerte, Mandú sigue pensando en qué hacerte en este momento, quizás te quite la lengua para que no lastimes a nadie más con tus palabras, te arranque las manos para que no golpees a nadie, te quite los ojos para que no veas cosas ilícitas. Todas las personas, sin saberlo, pueden ser víctimas de Mandú, porque toda la humanidad se hace daño a si misma, y Mandú tiene que cumplir su trabajo. ¿Sabes de las personas que se suicidaron? nunca se hicieron daño a si mismas, fueron víctimas de Mandú. ¿Personas que murieron en accidentes? Mandú. Puede que en este momento o después, mueras ahogado, asfixiado, sufras un accidente, o cualquiera de las peores muertes que puedas sufrir, Mandú habrá cumplido su venganza. Debiste haber sido una persona de buen corazón...

sábado, 29 de marzo de 2014

el origen de los minions

Era una tarde como cualquier otra y mi hija Julieta y yo estabamos aburridos, decidimos salir a rentar una pelicula ella se puso muy contenta, solo se arreglo un poco y salimos inmediatamente ya en la tienda yo tome una pelicula de terror para verla en la noche ya que ese es mi pasatiempo, mientras tanto mi hija tomo la pelicula "Mi Villano Favorito" al llegar a casa rapidamente pusimos la pelicula que eligio mi hija para entretenernos un rato sin embargo mientras mi pequeña estaba preparando las botanas para ver la pelicula se ensucio la ropa con refresco y decidio bañarse, yo puse la pelicula mientras ella se bañaba, ya en el menu de la pelicula me dirigi a los "extras" ya que en ocasiones tienen juegos entretenidos, sin embargo en lugar de juegos o imagenes solo habia videos en la seccion de "extras" del DVD, eran bastantes videos, me llamo la atencion uno llamado "El Origen Minion" al lado de una imagen de los conocidos muñequitos amarillos de la portada de la pelicula que eligio mi hija, decidi ver que era un "Minion" ya que no sabia que eran y mi hija hablaba mucho de ellos al abrir el video se escucho la voz en ingles de un niño, la cual traducida decia esto "El proyecto Minion de Gru comenzo yo soy el experimento 02 y cree este video para darle a conocer al mundo quienes son y como nacieron los minions, Gru es nuestro creador y yo tenia un hermano mayor, el fue el experimento 01, el y yo viviamos en un orfanato de USA en el estado de Virginia el tenia 12 y yo 11 años de edad, nunca conocimos a nuestros padres ya que los del orfanato nos contaron que nos encontraron en la calle, tiempo despues nuestro orfanato tuvo problemas economicos ya que tenian que alimentarnos a todos, asi que nuestro creador llego un dia y compro varios niños entre ellos a mi hermano y a mi beneficiando al orfanato economicamente y dejando menos bocas que alimentar, mi hermano y yo estabamos muy felices, conoceriamos mas gente y porfin saldriamos fuera, su casa era diferente muy fria y oscura, nuestro creador y nuevo padre dejo de ser amable con nosotros, a los niños que se portaban mal, los castigaba congelandolos con una extraña arma de la cual salia un rayo el siempre guardaba el arma en su bolsa, despues nos hizo bajar a una especie de laboratorio en el tenia animales domesticos muertos nos conto que estaba intentando crear a la mascota perfecta y por eso los animales, tambien dijo que nosotros podriamos ser esa mascota, pero antes tendriamos que pasar una serie de pruebas, despues de esto nos mando a unos cuartos que eran vigilados por una mujer para que nadie intentara escapar, en la noche habia un televisor con canales para niños a todos nos ponian unos lentes mas tarde decidi dormirme, poco despues mi hermano muy asustado me desperto porque encontro unas hojas en las que estaba planeado todo lo que harian con nosotros como si fueramos sus ratas de laboratorio yo calme a mi hermano ya que estaba muy histerico lo convenci de dormir un poco, al dia siguiente nuestro "padre" pregunto quien queria ser el primero en las pruebas yo me ofreci como voluntario pero mi hermano asustado no me dejo y dijo que el tomaria ese riesgo antes que nadie, asi que nuestro creador lo llevo a otro cuarto al dia siguiente regreso totalmente diferente, sin cabello, en un estado de shock, con la boca mas grande de lo normal su piel era de color rojizo, lo unico que nuestro creador dijo fue que tal vez el siguiente intento funcionaria yo le pregunte a mi hermano que habian echo con el sin embargo mi hermano murio en mis brazos, nuestro creador dijo que mi hermano era malo y por eso habia muerto, solo los niños buenos resistirian...
La noche siguiente nuestro creador me desperto y me dijo que no hiciera ruido, yo muy asustado aun por lo de mi hermano, me dijo que me tomara unas extrañas pildoras de color amarillo, despues de esto me puso 4 inyecciones distintas y se me nublo la vista pero aun podia ver algo, y no sentia nada en mi cuerpo, nuestro creador me habia cortado ambas piernas y brazos, mi cuerpo comenzo a calentarse demasiado y comenzo a tornarse de color amarillo, solo podia ver que hacia conmigo, despues me puso en un contenedor de vidrio enorme donde solo cabia mi cuerpo, ya que mi cuerpo comenzaba a expandirse por las inyecciones, y mi cuerpo tomo la formaba del contenedor, las mutaciones seguian cambiando mi cuerpo donde estaban mis brazos y piernas salieron otras pero estas de un tamaño mas pequeño, solo esperaba que las mutaciones no sufrieran mal y rezaba todos los dias por ello, poco despues Gru (nuestro creador) llamo a los pocos niños que quedaban con vida, saltando de felicidad diciendo que por fin habia logrado y habia conseguido la mascota-esclavo perfecta a los demas niños del experimento o se les caia un ojo o se les caia todo el cabello nos vistio con ropa, zapatos, y a todos nos puso lentes, todos eramos muy parecidos, lo unico que nos mantiene con vida es provocarnos risas para no sentir ese dolor que nos quema por dentro, aunque nuestro creador olvido aplicarme esa quinta inyeccion la cual hace borrarme todo el cerebro y dejarme el cerebro seco, como a mis demas compañeros los cuales no recuerdan nada, sin embargo por eso yo puedo contar esta historia y grabar este video nuestro creador se quedo sin fondos asi que solo se dedica a secuestrar niños por las noches, y hacer experimentos con ellos, yo finjo no hablar bien para que Gru no me detecte entre los demas niños, por favor ayudame, encuentra la casa donde el nos tiene, SALVANOS! despues de ver esto quite la cinta rapidamente y lo mas perturbante fue cuando di la vuelta y note que mi hija tambien habia visto el video extra de la pelicula, mi hija comenzo a gritar, y luego se desmayo, varios niños han desaparecido a lo largo del mundo, dicen que lo ultimo que ven es un carro plateado metalico, acercarse antes de desaparecer, los testigos son congelados por Gru, y la mayoria mueren, sin embargo algunos cuantos llegan a contar lo sucedido segundos antes de morir...


viernes, 14 de marzo de 2014

Eyeless jack: el origen

Jack era un adolescente que trabajaba en un periódico local. Un día su jefe hizo un anuncio de que Estados Unidos había entrado en La Segunda Guerra Mundial, y Jack al ser estadounidense se dignó a inscribirse en el ejército para luchar por su país. 
Al poco tiempo se hizo amigo de un inglés llamado Louis, el que también se había alistado allí, ya que su pueblo fue atacado y tenía la necesidad de defenderlo.
Jack y Louis se hicieron mejores amigos, y todos lo demás soldados empezaron a llevarse muy bien, hasta se llegaron a llamarse entre ellos hermanos. 

Jack y Louis estaban a punto de lanzarse hacia las líneas enemigas, pero al final resulto que el lado enemigo se movió antes que ellos. Gas venenoso fue arrojado alrededor de la base, provocando a Jack que se quedara ciego. Durante el alboroto, Louis recibió un disparo.  Ambos fueron enviados a un hospital a unos pocos kilómetros de distancia. Mientras en el hospital, Jack empezó a llorar por el dolor que sus ojos le estaban causando, por lo que los médicos tomaron una medida drástica y le quitaron los ojos. 
Aun estando ciego, Jack se negaba a abandonar a su preciado amigo. Louis estaba siendo atendido por una enfermera llamada Betsy, quién nació en Estados Unidos, se trasladó a Noruega, y fue a ayudar a los soldados heridos de enfermera.
Pero desafortunada mente, un día después de esto, la enfermera no pudo sálvate la vida, Louis agarró la mano de Jack pero unos minutos después se soltó, y dio su último aliento en esa cama, como si se fuera a dormir. 
Jack quería llorar, pero ya no tenía ojos para poder hacerlo, así que se mordió el labio hasta el punto de que le empezara a sangrar. Luego los médicos apartaron el cuerpo de su amigo y lo llevaron a enterrar, Jack se quedo durmiendo en esa habitación durante unos 3 días. 
Al día siguiente el médico le leyó un telegrama de Betsy, diciendo a donde habían enterrado los cuerpos de los soldados muertos, Jack fue allí y encontró el lugar donde fue sepultado Luis, y Jack se despidió y besó la tierra donde estaba enterrado su amigo. Y luego se fue a su casa en Estados Unidos. 
Pero sólo más tristeza le esperaba allí. Cuando llegó, su madre lo recibió con lágrimas al ver que él ya no tenía ojos, luego Jack le preguntó si algo más había ocurrido para que estuviera así siendo, ella normalmente tan alegre y llena de tanta energía, entonces ella dijo que Marcos, el hermano de Jack, quien trabajaba en una fábrica había muerto a causa de unas partículas que había impregnadas en el aire.
Jack quiso llorar por la pérdida de su hermano, pero y una semana más tarde lamentó la pérdida de su madre, que se dice que probablemente murió por ese gran tristeza. Jack se había quedado solo, ya que su padre murió de tuberculosis cuando él solo tenía cinco años. Y ahora Louis, Marcos y su madre también habían muerto.
No había nadie allí para guiar a este hombre ciego, para consolarlo, le ofrecían comida, agua o refugio e incluso alto tan pequeño como un cariñoso abrazo. 
Una noche, Jack caminó alrededor de su antigua habitación hasta que llegó a un viejo escritorio de madera donde guardaba un arma, estaba cargada y lista para disparar, por si en algún momento entraba un ladrón y tratara de hacerle daño a él o a su madre.
Pero ya ella se había ido, solo había un uso para ese arma ahora, Jack abrió la boca, y apuntó con la pistola en la garganta y apretó el gatillo.
Sus cuerdas vocales y la tráquea fueron destrozadas en un mili segundo. Su cuerpo sin vida calló al suelo, pero para su sorpresa, se encontró aún de pie. El destello repentino de los disparos, le habían provocado algo en su mente que le hizo olvidar todo lo que le había ocurrido antes de su muerte.
Estaba confundido en cuanto a por qué lo había hecho. Incapaz de escapar, se quedó en la casa esperando una respuesta, hasta que al ver las fotografías de la Segunda Guerra Mundial, de los soldados y lo demás, le hizo recordar todo de nuevo. 
Desde ese día aquel fantasma sin voz ni ojos, ronda por ahí intentando calmar su tristeza de algún modo u otro. 

lunes, 17 de febrero de 2014

Slenderman vs Jeff the killer

Él se movía en el silencio, deslizándose sobre el suelo con los largos brazos que sobresalían de su espalda. Lentamente, se fundió en las ramas de un abeto grande y examinó un camping debajo de él. Los ecos de la risa y el crepitar de un fuego mezclado con el aroma de malvaviscos y repelente de insectos. Alguien gritó con enojo, algo acerca de un mosquito. Slenderman se río.

Él se dejó caer más abajo en el tronco hasta que pudo distinguir algunos detalles más a través del humo tenue. Una gran carpa verde, el círculo de fuego, y una familia de cuatro sentados alrededor de él. Le dio un pequeño escalofrío de placer. Eran tan insignificantes, tan ignorantes, tan fuera de lugar.

Slenderman levantó la vista. A lo lejos, tal vez unos pocos cientos de metros de distancia, le pareció oír a alguien – o algo – moviéndose entre los árboles. Los seres humanos inferiores, por supuesto, no se daban cuenta. Él estaba preocupado, seguro que quienquiera o lo que fuera no iba a venir aquí, a esta gente?

Los movimientos eran cada vez más cerca. Parecía humano, tal vez un adolescente. De repente, un destello de acero destelló en el claro. El padre, por supuesto – de repente levantó la vista, tal vez al ver el destello por el rabillo del ojo, pero para entonces ya era demasiado tarde.

El adolescente, corrió hacia el camping, aprovechando dos cuchillas largas y curvas. Con un grito, una mezcla de euforia, excitación y placer, él se abalanzó sobre el padre, enterrando una cuchilla en el pecho y otra en la cara.

Él gritó, retorciéndose, pero ya era demasiado tarde, había una grieta audible y él estaba sobre la madre, que estaba a medio camino levantando los brazos, a medio camino para proteger a sí misma, a medio camino de perder su tiempo como su último acto, porque una vez más sus cuchillas eran sólo una ráfaga de plata, arrancando todas las debilidades de la humanidad en un spray de color rojo furioso. Los dos hijos, un niño y una niña, gritaban, el muchacho hizo una pausa y la chica simplemente se echó atrás en su silla, temblando por los sollozos. El adolescente se hizo rápido, él le dio una patada en el pecho, y la envío a ella y la silla volando hacia un árbol que estaba a tres metros de distancia, los fragmentos rotos de la costilla se mostraban a través de su camisa y la sangre fluía desde las sienes y la frente.

Una pierna de la misma silla se había disparado el hermano, y al caer la mirada de horror al ver a su hermana aún estaba grabada en su rostro. El adolescente tuvo otra oportunidad como la muñeca se rompió al chocar contra el suelo del bosque, gritó de dolor y miedo, el adolescente lo arrastro por los pies de nuevo en el claro. Él le dio la vuelta y vaciló por un momento, elevo las cuchillas por encima de su cabeza, vacilante por una fracción de segundo, pero se había ido, y las cuchillas estaban cantando a través del aire, no dejo pasar esa oportunidad y clavo las cuchillas hasta atravesar al chico lo que lo mato instantáneamente

Slenderman no se sorprendió por los propios asesinatos, sino por el hecho de que el asesino era simplemente un adolescente.

Con cautela, pues no quería revelarse a sí mismo, se trasladó unos metros más bajo. Desde allí podía ver, a la luz del fuego, los destellos de la sangre – la sangre, que abarco todo y los

cuchillos del muchacho. Podía distinguir, claramente, las expresiones aterrorizadas de la familia. Entonces se dio cuenta del chico, su chaqueta con capucha blanca estaba casi completamente teñida de rojo, meciéndose hacia adelante y hacia atrás en el suelo, sollozando.

Él debe haber sentido el instinto habitual; para llegar, rápidamente, en silencio, para envolver a su víctima, con amor, con ternura y destruirla. Pero Slenderman sentía otra cosa, quería consolar al niño, para calmarlo. Por un momento había estado a punto se sentó en el suelo, a punto de salir de las sombras, antes de darse cuenta de lo que estaba haciendo y rápidamente se retiró hacia las ramas.

Pero el chico se había dado cuenta, incluso por encima de sus sollozos, casi histéricos. Levantó la mirada, lenta y deliberadamente, y de repente todo lo demás que Slenderman había sentido se había disuelto, ya que fue sustituida por una sensación envolvente de temor. Por favor, pensó, por favor, no mires hacia arriba. No me mires. No mires…

El adolescente levantó la mirada, sus ojos hicieron contacto exacto con los lugares desde los que el Slenderman lo vio y se dio cuenta de que los sollozos del adolescente no habían sido sollozos en absoluto, sino que era la risa, aguda e histérica. Entonces finalmente se dio cuenta de que el rostro del muchacho no era una cara en absoluto…

Coriácea piel blanca, espesa y brillante brillantemente incluso en la luz del fuego, los labios de color rojo cereza, trenzado en una sonrisa siniestra y eterna, los dientes, casi fundido en un sólido, blanco brillante, y por último los ojos, blanco más brillante de todos los, los párpados quemados de modo que todo lo que quedaba era un anillo negro.

Slenderman se sentó en el suelo, una de sus copias de brazos rozaba la suciedad de su traje antes de hundirse en él con el resto. El muchacho lo miró como si observara un espécimen de laboratorio particularmente interesante; Slenderman lentamente inclinó la cabeza hacia un lado, calibrado a levantarse. El chico no tenía miedo. Igualmente Slenderman no tenía miedo tampoco. Ambos, sin embargo, fueron ligeramente intrigados por la otra.

“Placer conocerlo muy bonita noche, ¿verdad señor?”

Los labios del muchacho apenas se movieron mientras hablaba.

Slenderman discutiendo si o no responder pero Antes de que pudiera decidirse, el niño lleno el silencio por él.

“No es muy hablador, ¿eh? me llamo Jeff

“El hombre delgado bajó la mirada hacia los cuerpos

Se acercó al muchacho, todavía goteando sangre de su cuello.

“Esto me recuerda a Liu un poco…”

Jeff pareció detenerse por segunda vez, y Slenderman se preguntó quién o qué era Liu, o lo había sido. Jeff le dio una patada al muchacho, y él aterrizó junto a su hermana con un chasquido y un ruido sordo carnoso, con el cuello roto.

“Es mejor olvidar, ¿verdad? Además, son mucho más feliz ahora…”

“¿Quién es Liu?” la voz de Slenderman sono ronca por falta de uso

Jeff miró algo sorprendido.

“¿Quién es Liu?”

“era práctico para los trámites, por lo menos,”

Dijo él, riendo entre dientes.

“Liu fue mi hermano.”

Él se río de nuevo, y luego añadió

“Está durmiendo ahora.”

Slenderman hizo un gesto brusco.

“Su familia?”

“Se fueron a dormir también.”

“¿Cómo has llegado hasta aquí?”

“El bosque?” Sus ojos se clavaron en la cara de Slenderman.

“No estoy muy lejos de donde yo vivía.”

“No debería estar aquí.”

La sonrisa de Jeff parecía dar una punzada. “¿Y por qué, señor?”

“Tienes que salir de este bosque. Ésta es mi noche forestal”.

“¿Es así?” Jeff estiró sus brazos, lo que indica que la gran extensión de árboles en todas las direcciones.” Creo que hay espacio para dos de nosotros aquí esta noche, ¿no? “

“No. Usted ya ha robado mi primera cacería debe irse”.

Quiero dejar algo claro para usted, señor…” Jeff sacó las cuchillas de su cintura y los levantó apenas unos centímetros de la cara de Slenderman, que estaba al nivel de la suya mientras él se agachaba hacia abajo. “Voy a donde quiero ir, ¿entiendes? Nunca me dirás qué hacer, ¿entendido? Vete a la mierda, ¿entiendes?”

Slenderman arrastró una copia de seguridad en toda su estatura y miró a Jeff, sorprendido por su audacia.

“¿Te atreves …” él gruñó.

“Sí, Tom Riddle, me atrevo. Ahora desenrosque”. Se dio la vuelta y caminó a través del campamento, a punto de llegar a los árboles, cuando Slenderman saco sus brazos y levantó a

Jeff por los tobillos, golpeándolo en el tronco de un árbol con tal fuerza que fue arrancado de la tierra desde las raíces. Arrastró a Jeff de nuevo en el claro, rompiéndolo en el suelo periódicamente, dejando guiones en la tierra dura. Cuando por fin sacó a Jeff para enfrentarse a él, le dio un pequeño escalofrío de satisfacción.

La cara de Jeff estaba ensangrentada y en carne viva, sus ojos se dispararon y su piel curtida estaba desgarrada en algunos lugares.

Jeff se movió, tosió y se levantó tembloroso, limpiándose la boca y empujando el colgajo de piel de la espalda lo mejor que pudo.

“¿Es eso” todo lo que tienes? Usted lucha, como mi mamá lo hizo, y ella está muerta!” Él se echó a reír. Hombre delgado brazo de azotaba la cara de Jeff, y un corte nuevo apareció, sangrando profusamente. Jeff se rió de nuevo.

De repente, el Hombre Delgado sintió un dolor agudo en el abdomen, una de las hojas de Jeff fue enterrada hasta la empuñadura. La sangre como sustancia negra, goteaba grueso de la herida.

“El chico insolente!” Rugió, atacando de nuevo, con los tentáculos en la espalda en erupción y de nuevo tiro de él, lejos en las ramas de los árboles, llevando a Jeff con él. Lo levanto, lo cogió y lo llevó hacia arriba, levantándolo lejos sobre su cabeza, lo hecho abajo con toda la fuerza que pudo. El viento silbaba en sus oídos con el cuerpo de Jeff, estaban los sonidos de rotura ramas, susurro de las hojas, y, por último, un crujido fuerte y nauseabundo.

Slenderman se dejó caer de nuevo al suelo, haciendo una mueca cuando la chuchillas se clavaron en él un poco más. Un gran agujero se había abierto en el suelo a sus pies, a unos pocos metros hacia abajo yacía el cuerpo inerte de Jeff. Con gusto, SLENDERMAN se detuvo – y casi lo dejó caer de nuevo. por la sorpresa. Se sintió un latido del corazón.

Jeff miró hacia arriba, riendo aún más difícil que antes, todo su cuerpo estaba meciéndose hacia adelante y hacia atrás en las garras de Slenderman.

“Se necesita mucho, mucho más que eso, señor,” dijo sin aliento.

Slenderman apenas tuvo tiempo de reaccionar, hubo un destello de plata y de repente su brazo derecho ya no estaba, y la sangre estaba por todas partes, negra y espesa, y allí en el suelo se podía ver claramente un largo y negro, retorciéndose, separado por completo, y el dolor era insoportable. Jeff se río y saltó sobre la espalda de Slenderman, poniendo sus brazos alrededor de su cuello y apretando. El hombre delgado se retorció, tratando de quitárselo de encima, pero su agarre era demasiado firme. Se concentró, canalizando su energía, y luego, de repente, estalló, abriéndose paso a través de Jeff, por lo que tenía una docena de agujeros amplios limpios a través de él, los brazos se retorcían, con la mancha de sangre, saboreando el aire, antes de retroceder en Slenderman. Jeff gritó y lo soltó, cayo los nueve pies al suelo y se rompió el brazo.

Slenderman lo recogió con su brazo izquierdo, todo el dolor de sus heridas se había ido, y era poco importante comparado con lo que están delante de él. Trajo a Jeff nivel con su propio

rostro y el muchacho trató de sonreír un poco más ancho en él. Slenderman bajó la cabeza, luego miró hacia arriba, el brazo volvió a crecer ya.

“Un placer conocerte, Jeff.” Su voz era fría y limpia, y alto.

“Usted también, señor… dulces sueños…”

Slenderman apretó con más fuerza, no había un final solo un ensordecedor crack, y Jeff estaba muerto, roto, y finalmente se fue a dormir.